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09:41h. lunes, 03 de agosto de 2020
La persona envidiosa no vive más que para sufrir deseando lo que el prójimo tiene, y su vida la pasa criticando, espiando y controlando a la persona objeto de su envidia, ¿Que lástima verdad?

En mi cita quincenal con los lectores hoy os voy a contar lo que según mi modo de ver nos mina la moral, como diría el Señor Recio (soy mayorista y no limpio pescao)
Si os dais cuenta los huracanes y otras tempestades llevan nombre de mujer, Irma, Katia…En 1978 las tormentas pasaron a llevar también nombres de hombres.

Según las estadísticas los huracanes con nombres de mujeres son más devastadores, ¡qué mala fama tenemos! Esto daría para un debate, pero no es el caso, al menos hoy.

Los males que nos aquejan sin piedad son:
La envidia
La soberbia
Pensar que somos el ombligo del mundo
La falta de humildad
La avaricia y un largo etc.

La persona envidiosa no vive más que para sufrir deseando lo que el prójimo tiene, y su vida la pasa criticando, espiando y controlando a la persona objeto de su envidia, ¿Que lástima verdad?
La persona con soberbia siempre se piensa que vale más que los demás, ella es la única, la mejor, la más inteligente, la más culta etc. Un día se va ahogar en su propio éxito, ¿Qué pena verdad?

Los ombligos del mundo son para darles de comer aparte, son primos hermanos de los antes mencionados y a mí con estos personajes me entra una risa que me parto la caja, ellos se piensan que son el ombligo del mundo y la realidad es que más bien son unas molestas almorranas, ¿Qué risa verdad?

La falta de humildad es el mayor déficit que tenemos y pienso que uno de los más preocupantes, hace gracia ver a muchos personajes presumiendo como ratón encima de queso por sus logros,(unos reales y otros pura fantasía) y no niego que los tengan pero lo bueno es que te lo reconozcan los demás, nunca alardear de ello.

En mi camino por la vida me he encontrado con muchos ratones presumiendo de sus logros pero también a personas muy grandes y con unas cualidades humanas extraordinarias que siempre están en segundo plano y sin afán de notoriedad.

Las personas avariciosas son las que más lastima me dan, su afán es ahorrar, tener posesiones y muchas veces privarse de un capricho porque entonces la bolsa mengua, pobres infelices ¿Se pensaran que se lo van a llevar todo cuando se mueran para el Corral de los quietos? Allí es el único lugar que a todos nos iguala y sobra todo, hasta la vanidad, a no ser que tengan complejo de Faraones y pidan ser enterrados con sus propiedades, ¿Qué triste verdad?

Como colofón añado un escrito que hice el año pasado y que es como una continuación a mi escrito de hoy, lo titule “El Cuento del Candil”

Erase una vez un viejo Candil que alumbró a lo largo de muchísimos años las casas, daba luz a las costureras que sentadas en la cocina se afanaban en remendar pantalones, camisetas y todo lo que cayera en sus manos.
Velaba el sueño de los infantes temerosos de la oscuridad, también en las oscuras noches era el guía para el caminante y no caer de bruces por los angostos caminos.

¡¡Qué tiempos aquellos en los que el Candil era el auténtico protagonista!!
Pasados los años, el Candil paso a formar parte de los objetos antiguos que las personas más jóvenes miraban con curiosidad y no llegaban a comprender como aquel pequeño Candil fue tan importante para sus abuelos…Pero claro, ellos están en otra época, donde la tecnología campa a sus anchas.
Con la llegada del progreso llegaron otras formas de alumbrar las casas, llegó la electricidad, solo con apretar un interruptor… ¡¡Oh maravilla… La luz!!

Ahora los viejos Candiles se asombran con las luces de Led, las hay con tonos blancos, amarillos etc. pero ellos piensan que a pesar de tanta modernidad en los tiempos que ellos alumbraban todo se veía de otra manera, todo era más cálido, más hogareño, más familiar.
Al estar fuera de servicio se dedican a mirar y también a criticar (es el deporte nacional) a todo lo nuevo que llega:
-“Fíjate aquella bombilla que poco alumbra”
Ya te digo, y aquella otra da una luz tan blanca que deslumbra
-“Donde estén los candiles de toda la vida que se quiten tantas moderneces”
Y así los candiles pasan los restos de su existencia, alabando su propia luz y hablando mal de las de los demás.

 

La paradoja a la que yo llego es que en la vida real siempre hay personas que se piensan que son más que los demás.
Se tiene la mala costumbre de criticar todo, nos descolocamos enseguida cuando pensamos que alguien nos puede hacer sombra.

Nos olvidamos con frecuencia que nadie nace aprendido, por eso quiero recordar lo siguiente:
“Si una persona quiere aprender y te pregunta algo, explícaselo en lugar de hacerle sentir tonta, porque hace tiempo tú tampoco lo sabias”

“Tus palabras dicen lo que pretendes ser…más tus acciones son lo que realmente eres”
“Se corrige en privado y se felicita en público, a eso se le llama educación”
“La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirles a los demás descubrirlas”
“Hay personas que con tal de verte tuerto son capaces que quedarse ciegos”
“No hace falta apagar la luz de los demás para que tú brilles”

Ya para terminar os quiero decir que nunca se debe menospreciar a nadie ni creerse los más listos de la peña, recordar que todos tenemos distintas capacidades y todos somos diversos.
Procuremos que en la herencia que dejemos a nuestros hijos no prevalezca lo material, si no, los valores y las huellas de bondad que dejemos en este efímero paseo que es la vida.