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20:36h. jueves, 02 de julio de 2020

La suerte de ser Mayor en La Gomera

Ellos, faro y referente de lucha y superación, se han podido sentir seguros, protegidos y acompañados en esta situación de Pandemia.

Decía el matemático griego Pitágoras de Samos que, “Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida”; yo voy más allá y digo que, esa bella ancianidad debe ser, no obligatoriamente el pago a unos desvelos, más bien, la recompensa justa, generosa y voluntariamente dada a quienes anteriormente hicieron lo propio con nosotros.

Ellos, jóvenes entonces, no dudaron nunca un instante en sacrificarse en cuerpo y alma, en acallar sus ideologías y renunciar muchas de la veces a sus convicciones por mor de procurarnos un pan, un abrigo o en definitiva, un futuro mejor. Hoy mayores, siguen aún exhortándonos en que el camino de la vida debe recorrerse pensando que un futuro mejor viene dado por realizar un esfuerzo diario y continuado en busca del objetivo.

Que duda cabe que, han sido  referente de lucha y superación pero también, un “colegio”en  la enseñanza y transmisión de valores como el respeto, cariño y amor hacia sus antecesores. Todos hemos escuchado de sus labios, como cuidaban ellos de sus mayores y que respeto y amor incondicional les profesaban. 

En estos días de incertidumbres y donde, por desgracia, son una de las partes más vulnerables de esta cadena, nuestros mayores merecen que reforcemos lo más posible esas debilidades a las que podrían verse expuestos; no en vano, uno de los “frentes abiertos” en temas de actualidad en nuestro País, es precisamente el trato y los cuidados que hayan podido recibir  en las diferentes Residencias que se reparten por toda la geografía nacional. Se habla, se dice y comenta que, las que peor lo gestionaron fueron mayoritariamente las de titularidad privada pero, en las que también entran algunas de las públicas.

Afortunadamente, en nuestra isla colombina, ninguno de nuestros mayores ha tenido que pasar por ese trance y tampoco, sufrir la desesperanza o la duda de no ser uno de los grupos prioritarios en ser atendidos y salvaguardados por todos aquellos que en la isla se dedican a su cuidado. Administraciones responsables, trabajadores de las mismas y familias de los residentes, han remado en la misma dirección para que así fuese.

Ellos nos enseñaron que el más grande valor de una sociedad es proteger al desvalido. Ahora nos toca a nosotros seguir enseñando y preparando a las generaciones venideras en los mismos valores. Y es que los mayores no merecen otra cosa que, su vejez sea bella y apacible como decía el matemático.

José Andrés Medina.