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00:40h. viernes, 29 de mayo de 2020
"Muchos, si no todos, serán acogidos en otra dimensión donde, quiero pensar, no hay tanto dolor. Serán recibidos como merecen y no deberán postrarse ante nadie porque nadie, nunca, ha sido mejor que ellos"

Decía Óscar Wilde que lo malo de ser mayor no es ser mayor, sino haber sido joven. Frase lapidaria de aquél que manejaba el lenguaje para retorcerlo y conseguir llegar hasta donde casi nadie podía. 

Sin embargo, no creo que el genial escritor menospreciara los años de la vejez sino que hacía ver, con criterio, que hay cosas pasadas que deben ser dejadas atrás.

Nuestros mayores, nuestros sabios, ésos que caminan despacio porque ya han agotado las prisas, ésos, en suma, que nos dieron la vida, han pagado muy caro los achaques de la edad y, en algunos casos, la vergonzosa gestión de muchas residencias. También aquí hace falta una reflexión para no repetir errores que derivaron en lágrimas, en llantos de impotencia que se habrían desactivado con más generosidad presupuestaria y, sobre todo, con más vigilancia para que el lucro no extendiese sus tentáculos en algo que no debe ser parte del mercado.

Puedo imaginar …, no, no puedo, nadie puede, el dolor de esas familias que han visto cómo sus padres o abuelos han tenido que dejar esta vida completamente solos, sin una mano conocida o una mirada de tranquilidad diseñada por unos ojos donde las lágrimas luchan por no brotar. La situación, trágica en sí, es llevada al paroxismo cuando es la soledad el único testigo de la partida. Pocas cosas habrá tan crueles.

Y los que se quedan, vacilantes en su dolor, perdiendo referencias y seguridades, han de seguir porque, sencillamente, no queda otra. Poco se ha hablado de los estragos psicológicos que se nos vienen encima. Ello, sumado a lo económico y social, puede ser un contexto propicio a la desesperación y, por ende, a las locuras. Las autoridades deben estar ojo avizor para evitar males mayores.

El que nada tiene, nada puede perder y así, paso a paso, se transforma, se vicia y se cambia porque solo desea dejar su sello con un acto feroz obligando así a muchos a compartir su dolor o a encontrar su parte de él dentro de ellos.

Los que nos marcaron el camino no merecían un final así. La muerte, el peor tirano de todos, no conoce contextos propicios y es capaz de anular vidas no completadas o vidas apenas iniciadas. No hace falta decir que estas últimas situaciones son las que nadie quiere enfrentar. Sobrevivir a un hijo es el mayor acto de dolor, el culmen de la injusticia y lo que nos hace preguntar si realmente hay alguien ahí arriba.

Los mayores, por otro lado, han vivido su vida y ven esa hoja roja, que diría Miguel Delibes, cada vez más cerca, cada vez más cercana y conocida. La guadaña se perfila ya dentro de una sombra que, sin conocerla, siempre hemos sabido que está ahí. Pero, insisto, merecerían haber pactado con la negra dama una solución de final más acorde al mérito contraído desde hace tanto tiempo.

Los sufrimientos y desvelos para que no faltara nada. Los madrugones con aceptación del deber para anular el placer. Lo arrancado de tus deseos para dárselo a esa parte de ti que, siendo pequeña en tamaño, ocupa completamente tu corazón. Todo eso debería garantizar a ese padre devoto o a ese abuelo complaciente un pasaje en primera clase hacia la no vida, pasaje solo de ida aunque muchos de nosotros daríamos lo que fuera porque fuese también de vuelta. Sí, abuelo o papá, escápate un segundo, dame un abrazo y déjame sentir que, pese a todo, tengo fuerzas para seguir adelante.

La vida no es justa. Lo sabemos desde hace mucho aunque lo descubrimos poco a poco, con el paso del tiempo. Uno ve situaciones que te cambian, conoce personas que no merecen tal nombre o héroes que son personas. Cada uno se dibuja en el trayecto vital con las vivencias propias, las personas que te rodean y con dosis de suerte traídas por el azar o de mala suerte aportadas por la desgracia. 

Sin embargo,nunca pensé que esta tragedia segara tantas vidas que, no por ser finales, son menos importantes. Siempre me he preguntado cómo afronta alguien la muerte, cómo da el paso hacia la nada, ligero de equipaje ya, que diría Valle-Inclán. Muchos de los que se nos han ido la afrontaron con tristeza por la ausencia de despedidas pero con la tranquilidad de haber hecho un buen trabajo en este planeta que parece estar maldito.

Muchos, si no todos, serán acogidos en otra dimensión donde, quiero pensar, no hay tanto dolor. Serán recibidos como merecen y no deberán postrarse ante nadie porque nadie, nunca, ha sido mejor que ellos.

Nota del Medio: In Memoriam:  "Brille para siempre la Luz perpetua para todos los que nos han dejado víctimas de esta tragedia"

memoriam