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07:18h. jueves, 13 de agosto de 2020
“Hay que hilar muy fino en algunas observaciones porque, sin pretenderlo, el receptor puede interpretar algo que no está en la intención del emisor. Se dicen cosas sin mala intención y, a veces, te ves sometido en una situación que sabes que está alejada de ti porque nunca has marcado a nadie por su sexo sino por sus actos y sus capacidades. Por eso es conveniente elegir con quien debates y presuponer que tienen algo en la cabeza porque, de lo contrario, te harán bajar a su nivel y ahí te ganarán por experiencia, que decía Mark Twain.”

Hace poco que soy un poco mayor. Todo pasa y sigue su curso, nada se fija y muchas cosas cambian porque es imposible pensar igual en los años mozos que en la madurez, época donde la tranquilidad todo lo puede.

Las energías ya no son lo que eran y las mejoras, si las hubiera, estarán acotadas a ciertas partes de tu vida que siempre han estado ahí y que el tiempo no es capaz de mancillar. Miras atrás y te parece que cualquier tiempo pasado fue mejor, que diría Jorge Manrique, o quizás no es así pero estás casi seguro de que fue así. La verdad, ya saben, pasa por el caleidoscopio falaz de tu ser para determinar quién eres y a dónde quieres ir.

No hay muchas cosas buenas que vengan con el paso de los años. Cierto cinismo vital que te protege emocionalmente, una mejor interpretación de la importancia de las cosas y, sobre todo, el hecho de que te importa bien poco lo que piensen de ti y actúas en consecuencia.

Leo que mi admirado (aunque no idolatrado) Pérez-Reverte ha tenido una trifulca en los medios de comunicación porque, al parecer, una mujer lo llamo machista cuando éste, amablemente, le cedió el paso para acceder a una librería. Desconozco si hubo algo más previamente a ello o a posteriori pero tal hecho me llama la atención.

En nuestro país sigue habiendo mucho machismo y desprecio hacia las mujeres. Se ha mejorado, a Dios gracias, pero queda mucho por hacer y tiene que haber un impulso que vaya hacia una sociedad más justa en la que se juzgue a la persona por sus capacidades y no por su sexo. Esto, deseable a todos los efectos, también se podría extrapolar a la religión, la raza o la orientación sexual. Sí, creo haberlo leído en la Constitución, permítanme la ironía.

Uno, que se sorprende ya con muy poco, ve con preocupación como esa lucha justa se lleva a un extremo maniqueo, estúpido, agresivo y lleno de ira. Ahora, al parecer, ceder el paso a una mujer o dejarle el asiento en un transporte público son acciones que pueden traerte ciertas complicaciones porque algunas de ellas, no sé bien por qué, se pueden sentir ofendidas. Es más, se decide no ejercitar esa muestra de cortesía porque todos sabemos en el país que vivimos y con quien nos jugamos los cuartos. Ante la posible represalia se peca de descortés para no ser acusado de algo peor.

No hace mucho que escuché que invitar a una chica en un restaurante es un acto de machismo y de desprecio. No sé hasta dónde vamos a llegar si seguimos confundiendo la justa lucha por una sociedad más igualitaria con actos de generosidad y educación que son articulados como prueba de unos valores que deben estar siempre ahí. Cuando eres generoso y educado estás valorando a la otra persona, quieres que esté cómoda, es una especie de acto de amor y, dicho sea de paso, si hubiese más amor estoy seguro de que habría menos dolor en este mundo. Yo, con mis mil defectos, he invitado a algunas chicas a cenar a lo largo de mi vida. Ni una sola intuyó machismo o desprecio, más bien agradecían estar cómodas y les parecía un detalle por mi parte. 

Hay que hilar muy fino en algunas observaciones porque, sin pretenderlo, el receptor puede interpretar algo que no está en la intención del emisor. Se dicen cosas sin mala intención y, a veces, te ves sometido en una situación que sabes que está alejada de ti porque nunca has marcado a nadie por su sexo sino por sus actos y sus capacidades. Por eso es conveniente elegir con quien debates y presuponer que tienen algo en la cabeza porque, de lo contrario, te harán bajar a su nivel y ahí te ganarán por experiencia, que decía Mark Twain.

El lenguaje, campo de batalla para estas cuestiones, es utilizado como arma arrojadiza para hacer ver que lo que es cierto, esto es, que muchas expresiones son machistas y que ello es una vergüenza. Ello habría que corregirlo pero me parece mucho más importante para la mujer establecer la lucha en otros frentes ya que, a mi entender, es mucho más importante el penar duramente el hecho de que una mujer sea despedida por quedarse embarazada que la diferencia entre miembros y miembras.

La ridículas bajas maternales, las diferencias salariales por ser mujer, el acceso a todos los puestos de poder según las capacidades, todo ello tiene que ser el caballo de batalla para mejorar nuestra sociedad. Si nadie deber verse sin Educación por dinero tampoco nadie debe verse sin dignidad por ser hija de Eva. Pero claro, luchar contra el poder económico es ya harina de otro costal.

Un apunte más. La tan cacareadada paridad, ejemplo máximo de discriminación positiva, puede ser peligrosa al obligar a elegir por, precisamente, lo que se intenta paliar. Si hay que elegir por aptitudes no se puede presuponer que éstas existen a partes iguales sino en la persona en sí, sea hombre o mujer. 

No dudo en la buena intención de ello pero se pueden dar situaciones que no son justas cuando se trata, sobre todo, de ser más justos.

Uno lee, observa, intenta reflexionar y opina. Dicha opinión tiene que estar libre de comportamientos basados en el odio pero no tienes por qué perder el criterio por miedo a los demás. Yo me desnudo al escribir e intento buscarme, sabedor de que soy aquél que une letras no sé muy bien por qué. 

Doy mi visión sin pretender hacer dogma, al contrario de muchos tertulianos de la televisión. Pero, ya saben, si lo mejor de la televisión es que se puede apagar lo mejor de tener cierta edad es que te pasas la opinión de mucha gente por el forro de tus vergüenzas.