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20:53h. jueves, 02 de julio de 2020
El triángulo de palabras más escuchado, twitteado y escrito en los últimos meses, llegando a ser tendencia “echar de menos”.

Como si de un eslogan se tratase promocionando sentimientos, la gente ha llegado a sentirlo en menos de 24 -36 horas hacia personas que no veían o con las que no tenían comunicación en meses en circunstancias normales. Lo cuál me parece muy sensato y realista todo ello. 
Sin duda la mente humana no tiene límites. Se pasan la vida deseando unos días libres, con la vaga idea de descansar, pasar un día en casa tumbados en el sofá viendo tele y cuando eso tan deseado sucede no saben lo que hacer en casa desde el minuto uno del día uno, ahí entra el echar de menos a familiares, amigos e incluso lo impensable, el trabajo.

Paradojas de la vida, sin duda es cierto que hay que tener cuidado con lo que se desea ya que se puede hacer realidad. En este caso, en el preciso momento en el que Aladín frota la lámpara y el genio le concede el deseo, acto seguido reniegan del mismo.

Para la mayoría de la gente, echar de menos es sentir nostalgia, añorar, querer evocar el recuerdo de un momento, situarse en un lugar, revivir de nuevo un gesto y ver, sentir de nuevo a una persona.

Podría contar que echo de menos un beso, un abrazo, ver a las personas que conforman mi mundo, compartir unas cañas o viajar. Pero con todo no sería franca en mi argumento, ya que eso es lo que quiero y deseo que suceda.

No voy a obviar que yo también “echo de menos”, pero me pasa una cosa curiosa. Yo lo hago con aquellas cosas que ya no podré volver a tener, instantes que no podré recuperar o personas que no volveré a ver. Esto último fué lo que hace 10 meses hizo que me cambiase el concepto del mencionado triángulo de palabras.

Sucedió cuando la persona que me engendró, me cuidó, me crió, y me hizo inmensamente feliz entrega su alma y pasa a otra vida. Cuando me dí cuenta de la realidad, cuando quise que volviese a entrar por la puerta, que me regalase de nuevo una sonrisa, que se alegrase y me felicitase por mis logros, que me apoyase de forma incondicional y cuando deseo que me vuelva a dar un beso de amor verdadero.

Cuando no soportas el dolor de no poder volverlo a ver, cuando los recuerdos te atormentan y las lágrimas te ahogan, justo ahí en medio de ese sufrimiento, cuando un día te parecen tres inviernos, ahí aparece el “echar de menos”. En estos casos no tenemos un mañana que nos vuelva a reencontrar con los nuestros. 

Con estos sentimientos es cuando echar de menos cobra todo el sentido en toda su esencia.
En tiempos de confinamiento yo echo de menos no echar de menos, no de esa forma tan insustancial y popular, de la otra forma ya lo hago cada día.

Ahora que reflexiono, quizás usen esta expresión de forma tan común porque se aprecia más lo que está ausente por un momento determinado, sin reparar, en echar de menos lo que la vida nunca nos traerá de vuelta, personas, momentos, valores.