Del indigente de ayer, al pobre de hoy...

“Mira, papá, un pobre, qué pena”.  “Niño, ese señor no es un pobre, es un indigente. Un pobre, soy yo”.-

Recientemente, en un programa de televisión, pusieron un documental espeluznante que recogía la entrega de mantas y sacos de dormir a indigentes que viven en la calle; era un buen gesto de solidaridad. Las caras de agradecimiento y satisfacción de los pobres que recibían estos regalos, estremecían al espectador.

Uno se fijaba un poco en las escenas y observaba que estos pobres, la mayoría, ya no eran como los de antes, es decir, como los que hemos visto siempre, aquéllos que habían adquirido, con los golpes del tiempo, la desgraciada y maltrecha imagen del pobre. Eran, por decirlo de alguna forma, unos auténticos y reconocidos indigentes. Ahora, ha cambiado la imagen.

Parte de la población se ha empobrecido, de la noche a la mañana, hasta tal punto, que algunos, sobrepasando aún más ese límite, se han visto desprendidos del débil brazo de la sociedad, y han caído de golpe en el vacío que siempre hay en medio de la calle.

Vemos malviviendo en esas calles a gente más joven, de dentro y de fuera de nuestro País, llevando algunos consigo una chaqueta, o traje, que nunca correspondió al indigente que hubo siempre; acaban de ser sorprendidos por la pobreza de forma tan repentina que no les ha dado tiempo a desgastar sus prendas de la vida anterior, tan próxima, y tan lejana.

Los de ayer y los de hoy, sin diferencias, agradecían, de la misma forma, las mantas que recibían. Algunos comentaban a las cámaras por qué habían llegado a esa situación; oírlos, ponía los pelos de punta, sobre todo cuando detallaban esos casos sin relación causa-efecto, cuando la desgracia les había sorprendido por la espalda, cuando no habían hecho nada que mereciera semejante castigo. Se veían personas fuertes, activas que, ojalá todos, puedan hacer pronto el viaje de vuelta, con la misma ropa del pasado. 

 

“Mira, papá, un pobre, qué pena”.  “Niño, ese señor no es un pobre, es un indigente. Un pobre, soy yo”.-

El pobre niño no aprecia la diferencia-