¿Turismo Slow es igual a turismo de Cruceros?

Aunque ahora parezcan haber descubierto la pólvora, en la Gomera hemos tenido “turismo Slow” desde que el primer alemán pisó nuestra tierra y se puso unas sandalias con calcetines para caminar por el monte.

LaGomeraSeMueve.-Desde hace bastante tiempo se está promocionando la Gomera como un destino de referencia mundial dentro de lo que se empieza a entender como turismo “slow”. Podemos recordar por ejemplo las declaraciones del Empleado-Consejero de Turismo del Cabildo Insular de La Gomera, D. Fernando Méndez, en enero de este mismo año, donde afirmaba textualmente “Queremos que La Gomera sea referente de Turismo Slow“.

¿Pero qué es esto del SLOW? Según varias webs y publicaciones de referencia como Mundo-geo, Ecotumismo, Navartur, etc,… se define “turismo slow” como “una filosofía de turismo responsable que aboga básicamente por tomarte tu tiempo a la hora de viajar. Frente a paquetes organizados y viajes enlatados donde el único objetivo es estar en cuantos más sitios mejor, se trata de viajar sin prisas adentrándose en la realidad y en el entorno que visitas. Una dimensión romántica y filosófica del viaje para descubrir nuevas realidades, costumbres que te enriquezcan y conociendo palmo a palmo el lugar que visitas. Para que la filosofía Slow Travel entre en acción, además de una indiscutible actitud y buena predisposición por parte del viajero, hace falta una apuesta decidida por parte del propio destino. El territorio a visitar debe apostar por poner en valor su identidad y su patrimonio natural o cultural, para conjugar así una atmósfera perfecta.”

En resumen, el “turismo slow” se basa en un turismo de naturaleza, de actividades al aire libre, del respeto y la conservación del entorno, huyendo de paquetes preparados, primando los pequeños establecimientos turísticos frente a los grandes complejos, y exhortando al viajero a integrarse en las fiestas, costumbres, artesanía y gastronomía de los lugares que visita. Todo esto, en conjunto, persigue un mejor conocimiento de las áreas visitadas y promueve que el turista se “enamore”, se impregne y repita.

Aunque ahora parezcan haber descubierto la pólvora, en la Gomera hemos tenido “turismo Slow” desde que el primer alemán pisó nuestra tierra y se puso unas sandalias con calcetines para caminar por el monte, quedarse en apartamentos familiares, disfrutar de la puesta de sol o las parrandas en las terrazas… y comer en cualquier pequeño restaurante. Promocionar ese tipo de turismo es sin duda una de las mejores ideas que se la hayan podido ocurrir al empleado-consejero.

¿Pero se está promocionando realmente? Pues debemos de decir con tristeza que NO. Teniendo en cuenta los últimos artículos y las próximas inversiones turísticas, lo que en realidad se va a primar en esta isla es este tipo de turismo

Pero antes de explicar en qué consiste esta nueva “ocurrencia”, hagamos un análisis entre todos (no hace falta que nos crea, sólo que medite sus propias experiencias): somos muchos los gomeros que hemos salido de la isla en algún periodo de nuestra vida. Bien por estudios, enfermedad, trabajo o simple turismo. En esas salidas, nos hemos encontrado con personas que, al saber que eres gomero, te cuentan su experiencia visitando la isla. En nuestro caso, y haciendo una puesta en debate del asunto, nos encontramos con dos modos de vivir la estancia en la Gomera:

La primera corresponden a aquellas personas que han venido por un periodo digamos “largo”, aunque no hace falta que sean más de unos pocos días. Esas personas se van “enamoradas” de la isla, simplemente les encanta. Siempre te cuentan que estuvieron en el Cedro, comiendo en Playa Santiago, visitando la torre del Conde, en la Playa del Inglés, te hablan de los Órganos, de las fiestas de Chipude… y, la inmensa mayoría está deseando volver o lo han hecho ya en varias ocasiones, sobre todo si conocen algún gomero y encima han disfrutado de la hospitalidad que nuestra gente suele dispensar: galletas, almogrote, mangos, miel de palma…

La segunda forma de vivir la isla nos ha venido impulsada por las buenas comunicaciones que ha ido ganando la isla a lo largo de las últimas décadas. La posibilidad de poder venir por la mañana, pasar el día y volver en el último barco, unida a la cercanía con Tenerife, han incrementado exponencialmente el turismo que llamaremos “de un día”. Las personas que conocen la Gomera de esta forma recuerdan sobre todo una cosa “demasiadas curvas”. A esto se le unen prisas, mareos y agobios al querer verlo todo a contrarreloj. Estos raramente repiten.

Volvamos al tema que nos ocupa: turismo de crucero. ¿En qué se basa? Grandes hoteles flotantes modelo “todo incluido”, con miles de turistas que llegan por la mañana a San Sebastián (en un futuro también a Valle Gran Rey) desayunan en el barco (que para eso es gratis); se suben en una guagua con una excursión contratada, los tienen toda la mañana dando vueltas (deteniéndose en los miradores -NO en Abrante que sigue sin carretera); a mediodía comen en uno de esos pocos restaurantes con tamaño suficiente para atender a cientos de personas a la vez; parada para comprar algún souvenir; y, vuelta al barco por la tarde. Otros, prefieren un paseo por San Sebastián, pero estos suelen comer en el barco (que para eso es gratis). Según dice un amigo de la “Villa”, “Estos no dejan sino el euro del café ”

Con estos turistas pasan 2 cosas: en una guagua de 60 personas, la primera en vomitar lo hace antes de llegar a los Roques, así que el resto del viaje por las “rectas” carreteras de la Gomera lo hacen mirando más la bolsa de papel que el paisaje; una vez terminado el día y molidos como un “zurrón” (que todos sabemos lo que es un día por nuestras carreteras) tachan la gomera como posible destino turístico de las Canarias, porque ya la han visto y porque no les ha gustado la experiencia.

En estos días se está anunciando a bombo y platillo una inversión de 4 millones de euros para ampliar el puerto de San Sebastián de La Gomera y que quepan más cruceros. No entraremos a valorar que esos dineros sólo sirvan para ayudar a algún “amigo” constructor que ganará fabricando hormigón, que es lo que les gusta (como en el barranco de Valle Gran Rey, El de Hermigua, el de Santiago o el muelle de Valle Gran Rey –aún sin uso-) ni que sería más conveniente promocionar Valle Gran Rey y Playa Santiago con una línea marítima interior que sigue sin llegar y sin exigirse; o invertir en los puertos deportivos de estos dos municipios (eso sí, con diseños respetuosos con el medio ambiente, que los hay aunque no lleven tanto hormigón)

Esta es, básicamente, la gran mentira del empleado-concejero, de la Autoridad Portuaria y del Cabildo Insular de La Gomera, nos venden un turismo “slow” donde ganarían todos (supermercados, bares, restaurantes, rentacares, taxistas, propietarios de pequeños apartamentos, empresas de excursiones,…) y en realidad promocionan el turismo de un día, que a la larga sólo provocará un descenso de viajeros, cierre de establecimientos y que todos terminemos en la puerta del Cabildo mendigando un puesto de “barrendero de cunetas” subvencionado.

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