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sábado, 13 de abril de 2024 00:01h.

Las Madres de corazón

GELI PARA OPINION
Hoy escribo sobre esas madres que no pudiendo tener hijos,  o aunque los tengan son tan generosas que adoptan niños para darles una vida mejor.

En mi cita quincenal con los lectores de Gomera Actualidad hoy mi tema es, las madres de corazón.

Alguna vez he dicho que están las madres “normales” y las madres especiales. Pero no se debe olvidar a las madres de corazón. 
Ahora que está tan de moda la gestación subrogada (tema delicado y que crea enorme controversia) pero la intención final es tener un bebe por el método que sea, aquí habría mucho que decir pero ahora el tema es otro. 

Hoy escribo sobre esas madres que no pudiendo tener hijos,  o aunque los tengan son tan generosas que adoptan niños para darles una vida mejor.

No es madre la que da a luz, (que también) lo es la que está toda su vida cuidando y dando amor a sus hijos. Hay madres que esa palabra les bien muy grande, porque tienen hijos pero carecen de la responsabilidad de cuidarles y educarles, hay casos de maltrato sangrante que dejará secuelas en esos niños para toda la vida. Quiero pensar que son minoría porque no me entra en la cabeza que con lo que se quiere a los hijos sean capaces de hacerles daño, o utilizarles como chantaje hacia la pareja en caso de separación y muchas veces con resultados de muertes inocentes a manos de madres despechadas.

Esto ocurre tanto en madres como en padres, lo que ocurre que hoy la protagonista es la madre.
Cuando una mujer decide adoptar un niño sabe o debería de saber que pasa a ser la luz para ese hijo y una oportunidad de dar y recibir amor del bueno; se de  casos de adopción, de acogida temporal, y de decidir cuidar a un niño aunque tenga padres porque no pueden soportar el descuido y dejadez hacia ese ser desvalido.

Para mí esas madres de corazón son heroínas porque tanto si tienen su propia familia como si no tienen hijos propios, se vuelcan con el nuevo miembro que llega a su casa y cuyo compromiso es para toda la vida.

Mención especial para las madres de corazón que adoptan a niños con discapacidad, no puede haber mayor generosidad y compromiso para ese niño que va a ser dependiente, aunque tenga cierta autonomía.
Es bien cierto que quienes van adoptar o acoger a un niño siempre suelen mirar que este sano físicamente y mentalmente, hasta cierto punto lo entiendo, pero los que más lo necesitan son los grandes olvidados, los parias de la sociedad, los invisibles.

Salvando las diferencias, esto tiene similitud con las personas que adoptan un perro o gato, siempre van por los más guapos o elegantes, pero a los viejitos o enfermos allí se quedan en su jaula hasta que los sacrifiquen o se mueran de pena, no llegando a comprender como su humano le abandonó a su suerte...¡el que daría todo por él!.

Con las adopciones casi siempre ocurre lo mismo, en principio quieren un bebé, olvidando que hay niños más mayores  que necesitan un hogar que les de tranquilidad. 
He escuchado más de una vez:
–Prefiero un bebé porque no está maleado y así lo educo desde bien pequeño a mi imagen y semejanza
–Los niños más mayores pueden ser conflictivos, vienen de familias desestructuradas y arrastrando historial variopinto para nada ejemplar

Yo me pregunto... ¿Acaso en las familias ejemplares, de moral intachable y misa diaria, no hay hijos que les salen todo lo contrario a lo que ellos predican?
Muchos prejuicios y nula caridad cristiana de la que hacen gala

En fin, dime de qué presumes y te diré de qué careces; los niños no han pedido nacer, como tampoco son culpables de los errores o el nefasto historial de sus padres biológicos.
Sé de muchas madres de corazón que han adoptado a niños con discapacidad porque vieron que jamás tendrían una oportunidad en su vida…Las etiquetas hacen mucho daño, pero más aún la ignorancia…

Como bien dice mi amiga virtual Paula Romero, la discapacidad llega sin avisar, no pide permiso.
Y así es, nadie está libre de estar al otro lado; por eso admiro a esas madres de corazón que aun sabiendo que sus hijos vienen con mochila, los aceptan con todo el amor del mundo y hacen que sus vidas sean lo más placenteras y felices posibles.
Tanto en casos de adopción como de acogimiento merecen todo reconocimiento; sin olvidar a sus parejas que les apoyan en todo momento.

Cuando veo esa generosidad encarnada en mujeres que aún teniendo una vida con problemas de toda índole pasan a ser ángeles  para esos niños, (en algunos casos les une algún parentesco y en otro absolutamente nada) pues esas acciones me hacen pensar que un mundo mejor todavía es posible.