Las modistas de toda la vida

Algunas de estas mujeres son historia viva de la moda hermigüense;  las menos,  la siguen escribiendo, puntada a puntada, en la sombra.

La modista de siempre no ha muerto, se ha reconvertido. Es difícil de encontrar, damos fe, pero sigue ahí, donde ha estado siempre, cosiendo en la sombra en un Hermigua que, al igual que en el resto de pueblos; el “Prêt-à-porter” las fue arrinconando.

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que,  hacerse la ropa a medida, formaba parte del devenir diario del mismo y en el que las, más que costureras, Modistas, trataban de dejar su impronta y sello diferenciador en cada encargo recibido.

Sobra decir que, por aquel entonces, el oficio se realizaba en los hogares particulares de las mismas donde, compaginaban  el cuidado del hogar y la familia con la tarea de la costura que les aportaba mayor holgura en la economía familiar.

Tuvieron y vivieron épocas de esplendor dado que, como hemos mencionado,  prácticamente todo lo relacionado con la vestimenta y ropas del hogar como sábanas, cortinas o toallas pasaban indefectiblemente por sus manos y las agujas de sus máquinas de coser.

Quien no recuerda o uso, aquellas sábanas bordadas con esmerada ejecución,  estrenó un vestido o traje encargado exprofeso para algunas de aquellas Fiestas del municipio. Quien no vivió con desesperación e incertidumbre el tiempo por saber cómo nos quedaría ese traje a medida o el trabajo encargado. En fin, que los tiempos han cambiado y ya nadie tiene tiempo  para hacerse la ropa, y mucho menos, tener en cuenta el valor de la costura personalizada.
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Como decíamos, lo que también parece  una obviedad es que la profesión está en vías de extinción.  Al menos con el nivel de detalle y minuciosidad con el que se trabajaba hace 30 o 40 años y con ello, la modista de hoy  ha tenido que reciclarse y buscar otros refugios, como los arreglos. Un negocio difícil pero que las mantiene activas, ahí, puntada a puntada… en la sombra.