Un maestro de maestros


En El Hierro, en cualquier rincón en el que habitara, y, allá, por donde  los diferentes compromisos de su vocacional  profesión le transportaran, supo dejar perentorios vestigios de perennes remembranzas.

 

A lo dilatado de nuestra terrenal y transitoria existencia, por sus equitativos hechos, hemos tenido la feliz oportunidad de haber conseguido convivir con  algunos maravillosos seres, con ciertas clases de personas  que nos han dejado en el alma y en la mente, unos perdurables recuerdos, totalmente improbables de intentar arrinconar en las dolientes y nebulosas sombras del más desnaturalizado anonimato.

Tal nos ocurre en esto instantes, con la humana  y enorme idiosincrasia específica  del que un día fuera asombroso capacitado, Don PATRICIO PÉREZ MORENO, versado pedagogo, prodigioso orador, apasionante declamador-poeta, espiritual juglar, subrayado artista de nacimiento y excelente compañero de todos cuantos  tuvimos el venturoso patrimonio de haberle conocido y, particularmente, tratado.

¡De ningún modo, podíamos dejar pasar por alto, la silenciosa obra socio-cultural de este notorio protagonista para, en donde quiera que se encuentre, reciba el abierto tributo evocativo de nuestra  más insondable y rendida admiración! 

En El Hierro, en cualquier rincón en el que habitara, y, allá, por donde  los diferentes compromisos  de su vocacional  profesión le transportaran, supo dejar perentorios vestigios de perennes  remembranzas.

Nació en la señorial ciudad de Telde, Gran Canaria, el 21 de septiembre de 1.912.

Fue su padre, Don PATRICIO PÉREZ ESTUPIÑÁN, del cual, pudo  absorber  unos insólitos usos y costumbres- al menos en su primer tercio de vida-, por haberle  sabido imbuir en unos exclusivos gustos investigadores de considerable elevación, habiéndole convertido desde pequeño, en un vehemente enamorado entusiasta por la sana curiosidad, hacia la buena, superior y bien favorecida  lectura.

Por  la colegial época vacacional, en esos tan enfáticos días festivos- primordialmente, por la delirada celebración infantil de las pueriles fantasías que los clásicos Reyes Magos suelen impulsar-,  le sirvieron  para efectuar puntuales visitas, de inexcusable negación,  al bien preferido  Museo Canario, a la pétrea Catedral de Santa Ana, a las vetustas Casas Consistoriales urbanas, así como el tener que ejercitar muchas dilatadas caminatas, recorriendo transitadas calles, bulliciosos comercios, animados parques y  místicos conventos. 

Al factible alcance de su mano, desde muy joven, tuvo a  su entera disposición,  una amplia y bien surtida biblioteca que aumentó sobremanera su despierto campo investigador, asimilando con creces, los ventajosos frutos sembrados por  Unamuno, Becquer, Rubén Darío, Espronceda, Pío Baroja, Amado Nervo, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Moliere y  Benito Pérez Galdós, del que devorara con avidez, sus puristas “Episodios Nacionales”,  asimilando tenazmente sus novelas u obras teatrales, germinadas todas ellas con notoria gloria, por  la inmortal pluma  del universal canario que  más le embelesara, como relevante  académico y acreditado paisano suyo.

Así, pudo fraguar sus esclarecidas aptitudes artísticas, habiendo elaborado  una “Obra Poética” de ingente valía, un  preciso estudio sobre “Poetas Canarios” de su época, deleitables programas de Radio, Crítica Musical, Acotaciones sobre el Arte e importantes escritos varios, habiéndose dado a luz pública los mismos en un extenso libro que el muy Ilustre Ayuntamiento de Telde,  editara en el año 1.997, siendo sus fieles custodios legales, los actuales herederos.

Don PATRICIO,  entre nosotros, desarrolló una importante tarea en el dificultoso campo  de la Instrucción, un bien conquistado ejercicio que, por inadmisibles cuestiones de políticas ideas, le tuvieron  marginado, radicalmente vedado, para que no  pudiera ejercer a sus anchas, la consagrada  profesión  que más amara.

A los 18 años, ya poseía el Título por el cual tanto y tanto, había combatido.

Las Leyes, por su ya descrita edad, no le permitieron presentarse a oposiciones, para desempeñar una vacante en las Escuelas Públicas del Estado, por lo que abrió una pequeña entidad paras párvulos, logrando al siguiente año, entrar en el selecto Claustro de Institutores, del colegio “San Ignacio de Loyola.”

Anduvo circulando por diferentes pueblos canarios, como lo fuera  en Las Rehoyas, en el Calero de Telde, en la zona de San Juan, en el Valle de los Nueve y en Las Puntillas, en donde le atrapa el Levantamiento Militar del 18 de Julio de 1.936, siendo injustamente sancionado y apartado de la instrucción escolar, de  1.940  y 1.964.

Frente el antidemocrático régimen de su apesadumbrada época, casi de una oculta, pero eficaz manera, impartía sus clases, bregando denodadamente para poder subsistir y salvaguardar concienzudamente, a su cortejada familia.

¡La bienaventurada Providencia, nos lo trajo un día hasta nuestra querida Capital y en ella,
durante varios lustros, desarrolló un difuso y absorbente historial, como insustituible  preceptor de latín,  griego, francés, filosofía, literatura, historia y matemáticas, en la familiar escuela privada de Dña. INOCENCIA  PADRÓN DURÁN, de la cual, muchos prominentes  herreños, salieron considerablemente beneficiados.

Con motivo de unos Cursillos sobre Magisterio, celebrados en Las Palmas, tuvo la oportunidad de poder conocer a la joven, ALICIA PADRÓN PADRÓN,  de origen herreño, allende por el año 1.931, habiendo sido muy simpática la manera en que conquistara  a aquella espléndida  mujer pues, viéndola cómo llevaba en sus manos un “yo-yó,- el normal juego de actualidad en aquellos distantes tiempos-, tuvo la relevante ocurrencia  de confeccionarle un barquito de papel, colocándole en su interior unas glotonas  peladillas y, poniéndole en uno de sus laterales, una  romántica  inscripción.

¡El tal barquito, a través de un desequilibrado mar de pupitres,  hizo que llegara a manos de la noble dama que le había cautivado!

Al día siguiente, haría aparecer en un rotativo capitalino, un Poema de Amor, dedicado a ALICIA, quien, gratamente sorprendida y halagada por tantas placenteras ofrendas, pronto, muy pronto, hicieron oficial su compromiso.

¡Desde ese mismo instante, fue ella su inseparable consejera, amiga y esposa!

Tras su confinamiento en nuestra isla, después de múltiples necesidades y penosas privaciones, ambos fueron capaces de cimentar mucho más el amor de juventud, habiéndoles concedido  la vida el con maravilloso Don  del nacimiento de cinco hijos, aceptando con desgarrante dolor, la inconsolable pérdida prematura del primero de ellos, la cándida niña todavía, AURITA.

Después, vendrían los gemelos, PATRICIO ANTONIO  y DOMINGO PEDRO, seguidos de ALICIA JUANA DE LA ENCARNACIÓN y, el benjamín, EDUARDO ANDRÉS.

De sus mantenidos años entre nosotros, dan fiel testimonio algunas contadas actas del Ayuntamiento de Valverde, del Casino y del distinguido Gabinete Literario que en su día, memorablemente, lo fuera.

Como al final, tarde o temprano, la verdadera Justicia prevalece, es rehabilitado para la Enseñanza Pública, en el Curso 1.963/64, formando parte  del Cuerpo de Profesores, del colegio, “León y Castillo”, emplazado en el Puerto de La Luz.

Luego, vendrían los años  de un  bien conquistado respiro emérito, y, en medio de ellos,  el quedarse viudo, perdiendo a la muy amada acompañanta de sus idílicos y reales sueños.

¡Fue el holgado turno apropiado  para dedicárselo a sus queridos hijos y hermanos!

¡Volvería, una y otra vez, a su ciudad natal y a su predilecta tierra de adopción, EL HIERRO!

La noticia de su fallecimiento,  conmocionó por completo al amplio mundo de la Literatura Insular.

¡El 2 de septiembre, de 1.986, para siempre, se despidió de este cosmos, extinguiéndose la Voz física del artista, del eterno enamorado de EL HIERRO,  del gran Poeta y Amigo que, en este extenso comentario, hemos tenido la apasionante oportunidad de perpetuar!

Por uno de esos inauditos e incomprensibles caprichos del trastornado Destino,  en la misma preclara ciudad de Telde, donde su progenitor naciera, su hijo, PATRICIO ANTONIO, en solemne acto celebrado hace ya unos años, para resaltar la gigantesca figura  del gran Patriarca,  tal vez, al tomar él parte  activa en el mismo, embargado por la incontenible emoción de lo que estuvo disertando, el corazón se le desgarró en mil pedazos, se le se rompió  totalmente, cayendo fulminado, en presencia de sus atribulada familia asistente y, ante la masiva concurrencia que al mismo sonado evento, había concurrido.

                                     PATRICIO PÉREZ MORENO:
                                     ¡UN CABALLERO DE CONCIENCIA
                                    QUE, AL PASAR POR MI CAMINO,
                                    SUPO MOSTRARME LO BUENO,
                                    CON SU ESPECIAL EXISTENCIA!

                                    EN “GOMERAACTUALIDAD”,
                                    HOMENAJE LE OFRECEMOS
                                    Y, AL LLEGAR LA NAVIDAD,
                                    NO PODEMOS OLVIDAR,
                                    LO MUCHO QUE LE DEBEMOS.